Álbum del Mundial: ¿por qué sigue cautivando a los chilenos en 2026?

A tan solo días de que el Mundial 2026 esté en marcha, Chile se encuentra en plena efervescencia con el lanzamiento del álbum de figuritas, fenómeno que trasciende la mera colección.Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo de la Universidad Andrés Bello, analiza que este evento no solo es reflejo del fervor…

A tan solo días de que el Mundial 2026 esté en marcha, Chile se encuentra en plena efervescencia con el lanzamiento del álbum de figuritas, fenómeno que trasciende la mera colección. Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo de la Universidad Andrés Bello, analiza que este evento no solo es reflejo del fervor futbolístico sino también de una tendencia nostálgica que une a las generaciones. En un mundo donde el contenido digital es efímero y de fácil acceso, el álbum del Mundial revive la tradición de la espera, convirtiendo la búsqueda de las figuritas en un ritual lleno de emoción para todos, desde los más pequeños hasta los adultos.

El nuevo álbum del Mundial 2026, que incluye 48 selecciones y 980 cromos, no solo es uno de los más grandes de la historia, sino que también implica un desafío considerable para los coleccionistas. Este aumento en la cantidad de figuras a coleccionar, si bien añade emoción, también intensifica la presión sobre los aficionados que desean completar su álbum. Para muchos, esta búsqueda reiterativa se transforma en una experiencia emocional, casi artesanal, que contrasta con la facilidad de los consumos digitales. El tiempo que se invierte en abrir sobres, intercambiar láminas y buscar la última figura que falta, genera un sentido de comunidad y pertenencia que es difícil de replicar en el entorno virtual.

En el contexto chileno, esta cultura de coleccionar láminas está arraigada en la memoria colectiva del país y tiene una historia que abarca varias décadas. La aparición de la empresa Salo en 1962, en el marco del Mundial que albergó Chile, marcó un hito en la forma en que los chilenos se relacionan con el fútbol y sus figuras. Desde entonces, el álbum del Mundial ha evolucionado, pero la esencia de compartir la ilusión por completar una colección permanece intacta. Este aspecto de la cultura futbolera chilena ayuda a explicar por qué el álbum sigue resonando profundamente entre los chilenos, no solo como un producto comercial, sino como una representación simbólica de su pasión por el deporte.

El álbum del Mundial permite a los jóvenes y a sus familias conectarse en una conversación intergeneracional. La búsqueda de figuras icónicas como Mbappé o Lamine Yamal no solamente es un entretenimiento, sino un vínculo emocional que une a padres e hijos en una actividad compartida. Este fenómeno fomenta una conexión con las memorias de los abuelos y padres que vivieron ediciones anteriores, creando un ciclo en el que la historia del fútbol se pasa de generación en generación. Al coleccionar, los chilenos no solo buscan completar un álbum, sino también cultivar lazos familiares que se celebran a través del amor al fútbol.

A pesar de las críticas sobre el costo de crear una colección en esta era de consumo minimalista, el álbum del Mundial se establece como una experiencia única, rica en significado y emoción. Frano Giakoni Ramírez destaca que, si bien existe una industrialización detrás del fenómeno, la esencia del álbum radica en la promesa de un momento mágico: abrir un sobre y encontrar esa lámina que cambia el juego. En un mundo en el que la gratificación instantánea predomina, la paciencia que requiere completar un álbum se convierte en un tesoro escaso. Así, mientras el Mundial de 2026 se perfila como el más grande de la historia, los chilenos continúan encontrando en el álbum una forma especial de conectar con el fútbol y su rica historia.


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