La reciente inclusión de los textiles en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) ha generado un cambio significativo en la industria de la moda en Chile. Con una alarmante cifra de más de 572 mil toneladas de residuos textiles generados anualmente y el desierto de Atacama como emblema del desperdicio de ropa, la nueva normativa establece que tanto productores como importadores deberán asumir la responsabilidad de sus prendas una vez que estas han sido consumidas. Esto marca un hito en un sector que, hasta ahora, ha operado bajo un modelo de producción lineal, convirtiendo a la sostenibilidad en un requisito no solo regulatorio, sino también primordial para mantener una competitividad en el mercado.
El desafío que enfrenta Chile va más allá de la simple gestión de residuos; es un llamado a una transformación profunda de los hábitos de consumo y de los modelos de producción. Anualmente, cada chileno consume alrededor de 32 kilos de ropa, lo que intensifica la urgencia de adoptar prácticas más sostenibles. En este contexto, Perú emerge como un referente natural, gracias a su algodón Pima, ampliamente reconocido por sus características excepcionales, como su suavidad, durabilidad y transpirabilidad. Este cultivo no solo cumple con las demandas de calidad de la industria, sino que también se realiza de manera más respetuosa con el medioambiente, utilizando menos agua y eliminando la necesidad de pesticidas sintéticos.
La comparación entre la moda rápida y el algodón Pima es reveladora. Las prendas de fast fashion se asocian a prácticas de sobreproducción y corta durabilidad, lo que contrasta fuertemente con la propuesta de la moda sostenible que promueve el algodón Pima. Este último se alinea con los principios de la economía circular, presentando prendas que son versátiles, perdurables y trazables. Además, al optar por fibras naturales en lugar de sintéticas, es posible reducir hasta un 50 % la huella de carbono del sector, lo que no solo responde a la necesidad impuesta por la nueva normativa chilena, sino que también refleja un movimiento global hacia una mayor transparencia en la cadena de producción.
En este escenario de cambio y adaptación, la industria de la moda peruana se posiciona como un ejemplo de cómo es posible combinar sostenibilidad, calidad y responsabilidad social. Esto se evidenciará en Santiago durante la misión comercial «Perú Moda Chile», programada para el 3 y 4 de septiembre. Este evento contará con la participación de 40 empresas peruanas que, representando sectores como el algodón, moda infantil, calzado y joyería, compartirán su experiencia en slow fashion, ángulo que responde a los desafíos actuales de la industria textil chilena.
Con esta participación, Perú busca no solo abrir nuevas oportunidades comerciales, sino también consolidarse como un referente regional en moda ética y circular. La presencia de estos emprendedores en Chile puede contribuir a la evolución de la industria local, fomentando un enfoque más consciente y sostenible en el consumo de moda. La colaboración entre ambos países puede ser clave para un futuro textil más responsable, donde el impacto ambiental se minimice y se promueva un ciclo de vida más positivo para las prendas, alineándose con las exigencias de una normativa cada vez más enfocada en la sostenibilidad.





