El devastador incendio en el hogar de adultos mayores Edén, ubicado en Pitrufquén, ha dejado una huella imborrable en la sociedad chilena, reclamando la vida de 16 personas y dejando a otras 10 heridas. Este trágico suceso ha reabierto el debate sobre las condiciones en las que se cuida a nuestros mayores en residencias de larga estadía. Según las constataciones, en el momento del incendio, solo había una persona encargada de cuidar a 26 adultos mayores, una situación alarmante que pone en evidencia el incumplimiento de la normativa que exige una proporción mínima de cuidadores. La realidad actual nos obliga a replantear la forma en que las instituciones de cuidado están siendo supervisadas y cómo garantizar que se cumplan los estándares de seguridad y atención requeridos en estos espacios vitales.
Las autoridades han respondido a esta tragedia con propuestas de mejora para el sector del cuidado de ancianos. Se han planteado aumentar la cantidad de cupos en las residencias para ancianos y reforzar la fiscalización en los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM). Sin embargo, esta urgencia no debe limitarse solo a la creación de más espacios en residencias. La situación nos invita a considerar que no todos los adultos mayores en situación de vulnerabilidad necesitan ser institucionalizados. Muchas personas mayores pueden continuar viviendo en sus hogares con el soporte adecuado, lo que subraya la necesidad de desarrollar una red de cuidados en el hogar que sí permita un envejecimiento digno y seguro en el ámbito doméstico.
La cultura del cuidado en Chile debe transformar su enfoque, especialmente considerando el envejecimiento progresivo de nuestra población. No todas las familias poseen los recursos o la capacidad para cuidar a un adulto mayor dependiente, lo que no debería resultar en una única salida que sea la institucionalización. Como se propone en el informe «Del Dicho al Derecho», es crucial promover la permanencia de las personas mayores en sus hogares, siempre que las condiciones lo permitan. Esto requiere el fortalecimiento de los servicios de atención domiciliaria, creando una oferta amplia y accesible en diversas comunidades, con estándares que aseguren el bienestar de los ancianos y brinden tranquilidad a sus familias.
El incendio de Edén ha puesto de relieve no solo las falencias en la atención en residencias, sino también la necesidad urgente de mirar hacia el futuro del cuidado de adultos mayores en el contexto social chileno. Las medidas preventivas deben ir más allá de la regulación y buscar establecer un sistema que ofrezca alternativas variadas para el cuidado de los ancianos, priorizando su deseo y derecho a permanecer en sus hogares mientras sean capaces de vivir de manera independiente. Este enfoque no solo garantizaría la seguridad de los adultos mayores, sino que también permitiría que las familias compartan el cuidado de forma más equitativa y menos estigmatizante.
Finalmente, el llamado es claro: la tragedia ocurrida en Pitrufquén debe ser un punto de inflexión. No podemos permitir que la vulnerabilidad de nuestros ancianos se convierta en un argumento para su abandono. Es esencial crear un ecosistema de cuidado que abarque tanto la atención en residencias como el apoyo en el hogar, contemplando siempre la dignidad y el bienestar de nuestros mayores. La colaboración entre las instituciones, el gobierno y la comunidad puede cimentar el camino hacia un sistema de cuidado más humano y efectivo, que responda a las verdaderas necesidades de la población envejecida y sus familias.





